martes, 24 de noviembre de 2009

GPRSCG


Ejercicio práctico.

Elija cual de los siguientes es un comentario adecuado al encontrarse casualmente con una vieja amiga a la que hacía tiempo que no veía:

a) Qué gracia, ¡No esperaba verte por aquí! ¿Qué tal te va todo?

b) Qué gracia, ¡Estás viejisima! Con esa cara, mejor ni pregunto cómo te va la vida, es evidente que mal.

c) Qué gracia, ¡No esperaba verte por aquí! ¿Sabes la cantidad de veces que había imaginado que te arrancaba la ropa con violencia y te follaba hasta caer rendido?

(Para conocer la respuesta a este ejercicio y muchos otros prácticos contenidos para pulir sus interacciones sociales, compre la nueva "Guía práctica para las relaciones sociales del dr. Carlo Gallucci", de Carlos López, editorial Acatarrado, Barcelona. ISBN 0-89281-525-6.)

Cita de "Adaptation".

Me he asustado cuando hoy, antes de ir a clase, he puesto "Adaptation", que teníamos que ver para hoy. Quién... Quién es ese Charlie Kaufman y por qué es exactamente yo?

"
Do I have an original thought in my head? My bald head. Maybe if I were happier, my hair wouldn't be falling out. Life is short. I need to make the most of it. Today is the first day of the rest of my life. I'm a walking cliché. I really need to go to the doctor and have my leg checked. There's something wrong. A bump. The dentist called again. I'm way overdue. If I stop putting things off, I would be happier. All I do is sit on my fat ass. If my ass wasn't fat I would be happier. I wouldn't have to wear these shirts with the tails out all the time. Like that's fooling anyone. Fat ass. I should start jogging again. Five miles a day. Really do it this time. Maybe rock climbing. I need to turn my life around. What do I need to do? I need to fall in love. I need to have a girlfriend. I need to read more, improve myself. What if I learned Russian or something? Or took up an instrument? I could speak Chinese. I'd be the screenwriter who speaks Chinese and plays the oboe. That would be cool. I should get my hair cut short. Stop trying to fool myself and everyone else into thinking I have a full head of hair. How pathetic is that? Just be real. Confident. Isn't that what women are attracted to? Men don't have to be attractive. But that's not true. Especially these days. Almost as much pressure on men as there is on women these days. Why should I be made to feel I have to apologize for my existence? Maybe it's my brain chemistry. Maybe that's what's wrong with me. Bad chemistry. All my problems and anxiety can be reduced to a chemical imbalance or some kind of misfiring synapses. I need to get help for that. But I'll still be ugly though. Nothing's gonna change that."

La película ya me había conquistado. "¿A ver qué hace este personaje que soy yo?"

lunes, 23 de noviembre de 2009

Documentación informativa

El siguiente documento, en inglés en el original, forma parte de las pruebas recogidas por la policía de Blatimore, Estados Unidos, en el caso 19288371. Actualmente se encuentra almacenada en la biblioteca de la Universidad de Miskatonic, en Arkham, Estados Unidos:

Lunes 12 de diciembre

La reciente misiva de Roderick me ha turbado hasta niveles que no consigo superar. Los viejos recuerdos, esa adolescencia que pasamos juntos... Me llena una melancolía intolerable que sólo los más poderosos narcóticos consiguen apagar. ¿Qué hacer?
Sufro, además, Por Madeline.


Martes [Ilegible]

Esta noche he soñado de nuevo con la Escuela Manderley Para Jóvenes Dotados. Me ha angustiado otra vez la soledad que sentí en esos años, rota solo por la compañía de [Roderick].
Conspiramos, confabulamos, pero al final todo terminó.
¿Por qué retomar el contacto con Harvey?

Miércoles 14 de diciembre

Me he sentido mal todo [el día], como si un velo de algodón me embotase los sentidos. Últimamente me cuesta respirar. He estado hablando con mi amigo, en sueños, y ya no puedo soportarlo más: no puedo abandonarlo en su soledad. Mañana, o en dos días si no consigo solucionar mañana unos asuntos, partiré a su encuentro.
Pero, de algún modo, siento como si mis miembros estuviesen atados, inmovilizados.

Jueves 15 de diciembre

Esta mañana, cuando uno de los criados vino a traerme el desayuno, el simple crujido de sus pies sobre la madera del piso me hacía retorcerme de dolor. El sonido, todos los sonidos, se han vuelto insoportables.
[Ilegible]
He decidido echarlos a todos. No soporto más su constante corretear por la casa. He llegado envuelto en tinieblas blancas, en mi camisón, cubierto de sangre. ¿Es mi sangre? ¿Es la de Roderick?
Soy Harvey.
¿Soy Harvey Ulisses?

¿Quién [Ilegible]

Viernes 16 de diciembre

Harvey ha llegado hoy a la mansión. Él también conoce la crueldad de los míos. De los de mi sangre. La casta maldita, de crueldad natural, monstruos por instintos, capaces de sacrificar la identidad de su única hija para salvar el linaje.
Pero yo nunca seguí el plan. Nunca adopté.
Madeline, por fin, vuelvo a andar. Pero Madeline no existe, desde que nació que he sido Roderick. Pero Roderick es una mentira, solo hay Madeline. ¿Y Harvey?
Insustancial, mi único amigo, me ayudó a enterrarla para siempre. Pero ha vuelto, la he recordado.
Pronto no podré tener hijos nunca más. Mejor así. Será el fin de la crueldad.

Aún así, habrá que asegurarse.

[El documento es una página arrancada de un diario Moleskine. La caligrafía, nerviosa, es dificil de identificar y de descifrar, pues se encuentra agresivamente tachada con la pluma hasta el punto de llegar a rascar el papel, pero estudios grafológicos parecen indicar que se trata de la víctima de suicido (caso 19288371) , Roderick Usher, ecncontrado ahorcado en su vieja mansión del Pantano Usher, en Baltimore.]

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Otro mal presagio.

Esta mañana tampoco me reflejaba en el espejo. Empiezo a creer que a lo mejor no tiene nada que ver con la fiebre que tenía el martes.

lunes, 9 de noviembre de 2009

La segunda parte de la cita de Dick.

(empieza en http://pensamientosdeuntiporaro.blogspot.com/2009/11/otra-cita-de-dick-que-podria-dar-un.html )

Para exorcizarlo decidí escribir sobre él, y la verdad es que conseguí lo que pretendía. Pero ahora sabía que había visto al maligno en persona, y de vez en cuando comentaba: "El maligno tiene un rostro de metal". Si quereis verlo con vuestros propios ojos, mirad las fotografías de las máscaras de guerra de los griegos áticos. Cuando los hombres desean inspirar miedo y matar se ponen rostros de metal como estos. Los caballeros cristianos a los que combatió Alexander Nevsky lleavaban máscaras cómo éstas. Todos tenían el mismo aspecto. Yo no había visto Nevsky cuando escribí Los tres estigmas, pero la vi más adelante, y cuando lo hice volví a ver aquella cosa colgada del firmamento, igual que en 1963, la cosa en la que se había transformado mi padre cuando yo era niño.
Así que Los tres estigmas es una novela que surgió de un profundo miedo atávico, un miedo que se remonta a mi infancia, relacionado sin duda con la tristeza y la soledad que sentí cuando mi padre nos abandonó. En la novela, mi padre aparece como Palmer Eldritch (el malvado padre, la criatura diabólica de la máscara) y también como Leo Bulero, el hombre delicado, gruñón, cálido, humano y lleno de amor. La novela surgió de la más intensa angustia que se pueda imaginar. En 1963 yo estaba viviendo de nuevo el aislamiento original que se había abatido sobre mi al perder a mi padre, y el horror y el miedo que transmite no son sentimientos ficticios concebidos para captar el interés del lector. Provenían de las regiones más profundas de mi interior: el anhelo de un buen padre y el miedo del malvado, el padre que me abandonó.
En el relato Los días de Perky Pat encontré un vehículo que podía transformar en base temática para la novela que quería escribir. Perky Pat es la criatura eternamente sugerente y bella, das ewige Weiblichkeit, "el eterno fememenino", como lo definió Goethe. El aislamiento generó la novela y el anhelo generó el relato, de modo que la novela es una mezcla de miedo al abandono y fantasía, la de una mujer hermosa que te espera..., en alguna parte, conocida solo por Dios. Aún tengo que averiguarlo. Pero una cosa puedo decir: si estás solo un día tras otro, delante de tu máquina de escribir, hilvanando relato tras relato sin nadie con quien hablar y sin nadie con quien pasar el rato a pesar de tener, teóricamente, una mujer y cuatro hijas, de cuya casa has sido expulsado, desterrado a una cabaña de una sola habitación, tan fría que en invierno la tinta se congela en el tintero, acabarás escribiendo sobre caras metálicas con ranuras en lugar de ojos y sobre cálidas jovencitas. Es lo que yo hice. Y lo que aún sigo haciendo.
Los tres estigmas recibió una acogida diversa. En Reino Unido algunos críticos la describieron como una blasfemia. Terry Carr, mi agente en Scott Meredith en aquella época, me dijo: "Esta novela es una locura", aunque finalmente acabó por cambiar de opinión. Otros la definieron como una novela muy profunda. Para mí era simplemente aterradora. Me daba tanto miedo que no fui capaz de leer las galeradas. Es una siniestra travesía al reino de lo místico, lo sobrenatural y lo totalmente malvado, tal como lo concebía yo por entonces. Digamos que me gustaría que Perky pat se presentara en mi puerta, pero me da pánico la posibilidad de que, cuando vaya a abrir la puerta, sea Palmer Eldritch y no ella quien ha llamado. De hecho, para ser sincero, ninguno de los dos ha aparecido en mi puerta en los diecisiete años transcurridos desde que escribí la novela. Imagino que la vida es así: nunca llega a suceder lo que más temes, pero tampoco lo que más anhelas. Ésa es la diferencia entre la vida y la ficción. Supongo que no está mal que sea así. Pero tampoco estoy seguro. (1979)"

viernes, 6 de noviembre de 2009

Otra cita de Dick, que podría dar un bonito cortometraje.

"LOS DÍAS DE PERKY PAT "The Days of Perky Pat" ("In the Days of Perky Pat") [18 de abril de 1963] en Amazing, diciembre 1963.
Los días de Perky Pat se me ocurrió un día al ver a mis hijas jugando con unas barbies. Obviamente, estas muñecas anatómicamente hiperdesarrolladas no estaban diseñadas para el uso de los niños o, para ser más precisos, no deberían haberlo estado. Barbie y Ken eran dos adultos en miniatura. La idea era que había que seguir comprándoles más y más ropa a fin de que mantuvieran el tren de vida al que estaban acostumbrados. Tuve una visión en que Barbie entraba en mi dormitorio de noche y me decía "Necesito un abrigo de armiño". O, peor aún, "Eh, chicarrón, ¿Quieres hacer un viaje a Las Vegas en mi Jaguar XKE?". Me entró miedo que mi esposa me sorprendiera con Barbie y nos pegara un tiro.
La venta de Los días de Perky Pat fue muy fácil, porque en aquella época Cele Goldsmith, una de las mejores profesionales del medio, era la editora de Amazing. Avram Davidson, editor de Fantasy & Science Fiction la había rechazado, pero más tarde me contó que, de haber sabido de las muñecas Barbie, posiblemente no lo hubiese hecho. Me cuesta creer que alguien no conozca a las muñecas Barbie. A fin de cuentas, yo tenía que hacer frente a sus caros caprichos constantemente. Era tan difícil como mantener en funcionamiento mi aparato de televisión: el aparato siempre necesitaba algo, y lo mismo le pasaba a Barbie. Siempre pensé que Ken tendría que comprarse su propia ropa.
Aquella época (comienzos de los años sesenta) fue muy prolífica para mí, y algunos de mis mejores relatos y novelas datan de entonces. Mi mujer no me dejaba trabajar en casa, así que alquilé una pequeña cabaña por veinticinco dólares al mes, a la que me iba a trabajar todas las mañanas. Estaba fuera del condado. Lo único que veía durante el trayecto eran unas pocas vacas en sus pastos y mi propio rebaño de ovejas, que nunca hacían otra cosa que caminar tranquilamente detrás de los pastores. Aquella cabaña en la que me pasaba los días enteros era terriblemente solitaria. Puede que echara de menos a Barbie, que estaba en casa, con los niños. Así que es posible que Los días de Perky Pat fuera la expresión fantasiosa de mis propios deseos. Me habría encantado ver aparecer a Barbie -o a Perky Pat o a Connie Companion- en la puerta de mi cabaña.
Lo que sí apareció fue algo espantoso: la visión del rostro de Palmer Eldritch, que se convertiría en la base de la novela Los tres estigmas de Palmer Eldritch, generada por el relato de Perky Pat.
Un día estaba caminando por la acera que llevaba a mi cabaña, preparándome para hacer frente a ocho horas de escribir en un aislamiento total de la especie humana, cuando levanté la mirada hacia el cielo y vi una cara. No la vi en realidad, pero estaba allí, y no era una cara humana; era el semblante de una maldad absoluta. Ahora me doy cuenta (y creo que también lo hice en su momento) de que lo que provocó aquella visión fueron los meses de aislamiento, la privación de todo contacto humano, la ausencia, de hecho, de estímulos sensoriales... En cualquier caso, el semblante estaba allí, imposible de ignorar. Era inmenso. Ocupaba una cuarta parte del cielo. Tenía dos ranuras vacías en lugar de ojos, era metálico y cruel y, lo que es peor, era Dios.
Subí al coche y fui a mi iglesia, la episcopaliana de Saint Columbia, donde hablé con mi pastor. Tras escucharme, llegó a la conclusión de que había vislumbrado a Satán por un momento, y me dio la extremaunción. No la extremaunción final, sino una puramente curativa. No me sirvió de nada: el rostro de metal seguía en el cielo. Estuvo allí todo el día.
Años más tarde, mucho después de haber escrito Los tres estigmas de Palmer Eldritch y habérselo vendido a Doubleday (la primera vez que les vendí una de mis obras), me encontré con un retrato en un número de la revista Life. Se encontraba en un búnker de observación construido por los franceses en el Marne, durante la primera guerra mundial. Mi padre había combatido allí durnante la segunda batalla del Marne. Mi padre pertenecía al Quinto de marines, una de las primeras unidades norteamericanas que llegó a Europa para participar en aquel espantoso conflicto. Cuando yo era muy niño me enseñó su uniforme, con la máscara de gas, el equipo de filtración y todo, y me contó que, durante los ataques con gas, a los soldados les entraba el pánico cuando se saturaba el carbón de sus sistemas de filtración y algunos llegaban a arrancarse la máscara y echar a correr. Yo sentía una enorme ansiedad al escuchar esas historias. Y también al ver a mi padre jugando con su máscara y su casco. Pero lo que más me aterraba era cuando se la ponía. Su rostro desaparecía. Dejaba de ser mi padre. De hecho, dejaba de ser humano. Yo solo tenía cuatro años. Cuando mis padres se divorciaron, pasé años sin verlo. Pero su imagen con aquella máscara, fundida con los relatos de hombres con las tripas colgando, hombres destruidos por la metralla... Décadas después, en 1963, al caminar un solitario día tras otro por aquella senda campestre, sin nadie con quien hablar, sin nadie con quien estar, volví a ver aquel semblante metálico, ciego, inhumano, solo que esta vez trascendente y vasto, completamente maléfico.

martes, 3 de noviembre de 2009

Bloqueo

-¡Que no pienso salir de casa! ¡Que no, déjame en paz!
-¿Pero qué te ocurre, Manuel?
-¡Déjame en paz, no pienso salir!
-¡¿Pero por qué?!
-¡Porque soy virgen!
-¿Vir...? ¿Pero qué tendrá que ver que seas virgen o que...?
-¡Que me dejes en paz, que no pienso salir a la calle porque soy virgen!
-¿Pero qué ocurre, que te da vergüenza? No se te nota nada raro, si es eso no te...
-¡No seas idiota!
-¡No te pases ni un pelo, Manuel!
-¡No pienso salir a la calle porque es un riesgo demasiado grande!
-¿Un riesgo? ¿Riesgo de qué? ¿Te preocupa que vayan disparando a la gente virgen por la calle?
-¡Pues claro que no! ¿Me tomas por idiota?
-Entonces, ¡¿Por qué?!
-Imaginate que salgo a la calle, voy a cruzar y, ¡BAM! Me atropellan.
-Eso qué...
-O que cruzo la calle, llego hasta la esquina y ¡BAM! ¡Un chungo me amenaza con una navaja, malinterpreta uno de mis gestos y me pega un cuchillazo!
-Y eso te va a pasar porque seas...
-O doblo la esquina, me encuentro de pronto enmedio de una manifestación que se vuelve violenta y, como me parezco al instigador, ¡BAM! ¡Una brutalidad policial acaba con que me matan accidentalmente!
-Eso es muy impr...
-O me salgo de la manifestación a tiempo pero me he frotado sin quererlo con una sindicalista con muchos gatos, paso por delante de un anciano que pasea a un doberman enorme y ¡BAM!, ¡Me huele y me arranca la cabeza de un mordisco!
-Pero qué...
-O el perro no huele nada, pero el viejales está infectado con una rara enfermedad tropical y me la contagia y, ¡BAM! ¡Antes de volver a casa por la noche ya estoy muerto por las callejas de la ciudad!
-¿Pero cómo quieres que te pasen esas cosas? ¡Deja de comportarte como un idiota, Manuel!
-¡Lárgate ya y déjame en paz! ¡No tengo la menor intención de morir virgen! ¡No pienso salir!